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Encuentra las 5 diferencias

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OLYMPUS DIGITAL CAMERALa llegada a un país que no conocemos nos depara, en general, sorpresas. Es que si bien sabemos o nos imaginamos que allí las cosas se harán o funcionarán de otro modo, experimentar ese “otro” en persona nos genera asombro. Durante mi primera estadía en Alemania, allá por 2007, no dejaba de sorprenderme que los alemanes (o los que yo conocí) sí tomaban mucha cerveza, sí comían salchichas muy seguido y sí usaban sandalias con medias. Esos clichés que había escuchado o leído en algún lado estaban frente a mis narices, y aunque sabía de sus existencia no por eso me parecían menos llamativos.

Cuando volví en 2011 el efecto sorpresa se difuminó un poco, aunque aparecieron otras características que me hicieron abrir los ojos un poco más de lo habitual y comentarlo con mis amigos argentinos como una “curiosidad alemana”. Así que paso a describir las cinco sorpresas que me encontré en Alemania.

1. Subiendo al transporte público

El transporte público en las ciudades es de las cosas que más me gustan en Alemania. Las ciudades más pequeñas por lo general tienen servicio de colectivos únicamente, pero a medida que aumenta el tamaño, aumenta la oferta de transportes. En Erfurt, por ejemplo, hay buses y tranvías, mientras que en Berlín hay además S-Bahn (tren de cercanías) y U-Bahn (subte). La oferta supone que hay una similar demanda, por lo que en las estaciones de los respectivos transportes se encuentra, como es de imaginar, gente que tomará el mismo servicio que uno. ¿Cuál sería el comportamiento esperado (al menos por mí) en Argentina? Ponerse en la cola detrás de la última persona, esperar juiciosamente y subir al bus/tren/subte/tranvía cuando sea mi turno. Esta lógica no aplica en Alemania. No importa cuán cerca esté uno de la puerta o parada, aparentemente eso no conlleva el derecho a subir primero. ¡Que conste que esto vale también para personas mayores y embarazadas! Cuando llega el transporte, los que quieren subirse entran en desordenado orden sin respetar prioridad, y si no hay más asientos disponibles, pues mala suerte. Y esto, también, vale para personas mayores y embarazadas.

2. No sin mi can

También relacionado con el transporte público: está permitido subir a los colectivos, subtes, trenes y tranvías con animales domésticos, aunque (según el cartelito indicativo pegado en las puertas de los transportes) tienen que ir amarrados con correa y con bozal. Lo de la correa se cumple, lo del bozal, en general, no. Cada vez que veo un perro en el tranvía o tren me acuerdo del cartel pegado adentro del tren Mitre, el que va de Retiro a Tigre (que es el que me tomaba yo, debe haber en otros también), donde dice algo como “No se permiten animales salvo los de servicio” y pienso si será porque en esos trenes no hay casi lugar para respirar (menos para llevar una mascota) o si es otra cosa, más relacionada con lo emocional, y que acá ese cartelito diría “No se permiten animales salvo los de compañía”.

3. Calor/frío

20 grados al sol, ¿calor o frío? 5 grados y un poco de nieve, ¿calor o frío? Si bien ya me había llamado la atención con anterioridad, sólo ahora me di cuenta de que los alemanes parecen tener un termostato distinto al de, al menos, los argentinos. Hasta que pasé un invierno completo en Alemania, mi idea de frío eran 2 o 3 grados. Menos de eso no podía imaginarme, ya que siempre había vivido en lugares donde temperaturas bajo cero eran la excepción. Habiendo terminado mi segundo invierno en Erfurt puedo decir que cambié rotundamente de opinión, y a menos que hagan 5 grados bajo cero ya no lo considero frío “verdadero”. El fin de semana pasado salió el sol – después de… ¿6 meses? – y la temperatura subió a 7 grados. Como íbamos a una feria al aire libre yo me había puesto dos sweaters finitos debajo de mi campera, y puedo decir que pasé calor. Sí, Alemania logró lo inimaginable, 7 grados y me parece que no es frío. Con el calor puedo decir lo mismo. Después de dos veranos con entre tres y seis días de más de 28 grados, ya estoy esperando que el termómetro pase los 20 para sacar mis vestidos a relucir. Me podrán decir que es obvio, que el cuerpo se acostumbra a las bajas o altas temperaturas y lo que para algunos es frío, para otros es calor. Eso no anula mi asombro los días de 20 grados cuando me cruzo con mujeres en mini-shorts y hombres en ojotas cual turistas en el Caribe en plena temporada alta.

Por fin salió el sol y afuera todos.

Por fin salió el sol y afuera todos.

4. Cerveza individual

La botella de litro no es estándar en Alemania*. ¿Más grande? No, tampoco hay. Uno se puede preguntar cómo en el “país de la cerveza” no haya mega-botellas de dónde servir cinco o seis vasos, o al menos cuatro bien grandes. En su lugar, el estándar alemán es la botellita de 330ml. Esto significa que en caso de festejos, reuniones o fiestas, los invitados que quieren aportar con bebidas aparecen cargando nada más y nada menos que un cajón de cervezas, o a veces incluso dos o tres. No sé si tendrá que ver con la idiosincrasia individualista, la gran variedad de cervezas que existen o los distintos gustos sobre qué temperatura es ideal para tomarla, pero lo cierto es que en un típico festejo alemán uno se puede encontrar con cada invitado sosteniendo su mini botellita de cerveza en una mano mientras conversa o baila. Esto no aplica en bares y restaurantes, sin embargo, donde lo convencional (por ponerle un adjetivo) es pedir cerveza en vaso de 300, 400 o 500ml.

* Aclaración: en Bavaria existe el VASO de un litro, llamado Maß, más típico del Oktoberfest que otra cosa.

Reunión de viernes a la noche, con sus respectivas cervezas individuales.

Reunión de viernes a la noche, con sus respectivas cervezas individuales.

5. Nada de persianas

Y casi nada de cortinas. La seguridad a grandes rasgos no es un problema en Alemania, y eso se ve reflejado en las casas y departamentos. En general, las típicas construcciones alemanas carecen de persianas o celosías, todavía no descubro si justamente porque no son indispensables para proteger la vivienda o, considerando la cantidad de horas al año que uno pasa “a oscuras”, para aprovechar hasta el más mínimo rayo de luz que pueda entrar por la ventana. Claro que hay edificios o casas de construcción moderna que puede que tengan persianas, pero tanto las construcciones antiguas – esas típicas casitas de cuatro o cinco pisos con techos rojos –, así como la mayoría de las casas más nuevas cuentan con amplias ventanas de vidrio doble que a veces ni cortina tienen. Este sistema (si se le puede llamar así) tiene sus ventajas y desventajas. Si bien es muy lindo ver sin obstáculos el paisaje, la vereda, la nieve, el sol o la lluvia, en verano puede ser un poco molesto. Es que con la llegada de la primavera se cambia el horario al de verano, lo que significa que cuando el reloj dice que son, por ejemplo, las 2 de la tarde, el universo dice que son las 3. Hasta ahí fenómeno. Ahora imaginar que son las 5 de la mañana, pero para el universo son las 6… o sea, ya amaneció. Si se une este dato con el tema de la ausencia de persianas, el resultado es un veranito muy madrugador.

En Colonia, casitas sin persianas pero con unos números enigmáticos.

En Colonia, casitas sin persianas pero con unos números enigmáticos.

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3 pensamientos en “Encuentra las 5 diferencias

  1. Muy útiles todas tus apreciaciones, es muy interesante leer sobre las peculiaridades de cada lugar. Está muy bueno el blog, lo voy a recomendar. Un saludo!!

  2. aguanten las no-cortinas!

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