Andando mundos

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Lecciones para una viajera novata

2 comentarios

Mi primera experiencia viajando sola fue en abril de 2007, cuando dos semanas después de haber llegado a Alemania para quedarme por un semestre decidí pasar los días feriados en Roma. ¿Por qué Roma? Porque en el mapa Europa se ve chiquita, compacta, comparada con Argentina o Latinoamérica parece “andable” en pocas horas. Pensé que viajando una noche en colectivo llegaría rápidamente a destino y el mismo procedimiento me llevaría de regreso a Tübingen. Primer error de cálculos… o de novata.

Si bien técnicamente el viaje a Alemania en sí era mi primer viaje sola, no es lo mismo viajar para instalarse en un lugar que viajar de paso. Cuando llegué a Tübingen tenía mi departamento compartido esperándome, un curso que empezaba a los dos días y casi 90 otros extranjeros por conocer casi por la fuerza, porque eran mis compañeros de clase. Además conocía a dos alemanes que habían estado en mi universidad de intercambio, y si bien en ese momento no estaban en la ciudad eran mis puntos de referencia entre tanta novedad.

Cuestión que, ansiosa por recorrer y con el feriado de Semana Santa en puerta, compré un pasaje de colectivo por Internet de Stuttgart a Roma para el día siguiente y ahí me fui. La experiencia fue intensa e iluminadora, no sólo porque Roma es una ciudad magnífica, llena de historia y arte que me encanta, sino también porque el viajecito me enseñó algunas nociones básicas de viajar con bajo presupuesto y con ansias de conocer mucho. Algunos aciertos tuve, pero fue más lo que aprendí.

Acierto 1: investigar el destino

En esa época aún no tenía computadora propia, por lo que para acceder a Internet tenía que ir a la universidad o al cyber café de turno. La Lonely Planet Europe on a Shoestring también llegaría más tarde a mis manos y sólo tenía una guía de Alemania, regalo de despedida de mis amigos. Después de sacar el pasaje, lo primero que hice fue googlear Roma e imprimir unas páginas con recorridos para hacer a pie. Sabía que tenía poco tiempo (3 días), poco presupuesto y quería ver lo más posible, entonces me armé un mini tour caminando que me llevase a todos los íconos que quería conocer.

Acierto 2: ubicar el supermercado más cercano

Apenas dejé mi equipaje en el hostel salí a buscar un supermercado para aprovisionarme. Después de una vuelta manzana encontré uno enorme escondido en el subsuelo de un edificio y lo adopté de amigo por esos días. La comida en Italia puede resultar cara (sobre todo comparado con Alemania, donde es muy barata) y el supermercado era la mejor opción. Desde ensaladas y sándwiches hasta fruta, agua y chocolate, esa fue mi única fuente de comida por 3 días… salvo la pizza que me comí como parte de mi recorrido por los “íconos” italianos.

Enseñanza 1: considerar muy bien las opciones de transporte

Tübingen es una ciudad pequeña, no tiene aeropuerto ni colectivos de larga distancia y por eso mi pasaje era desde Stuttgart. El bus salía a las 18.00 del martes y llegaba a las 15.00 del miércoles. Perfecto, pensé, me da tiempo para buscar un hostel cuando llegue. ¿Qué detalle no consideré? La cantidad de horas que tenía que pasar arriba del micro y la cantidad de trasbordos. De Stuttgart a Roma tardamos exactamente 21 horas, un poco más de lo que me hubiese imaginado (porque no se me ocurrió contar las horas… ).Y para mejor, con una escala de una hora y media en Milan en el medio de la noche donde a una pasajera le robaron su mochila. Todo esto en un colectivo que distaba mucho de los estándares argentinos, con asientos que parecían más bien del 152 que de un micro de larga distancia. ¿Asiento reclinable? ¿Comida? ¿Agua? ¿Película? Nada de nada. El avión desde Stuttgart salía 20 euros más, pero me hubiese ahorrado dos noches sin dormir (porque volví por el mismo camino) y hubiese podido quedarme un par de días más en Roma.

El paisaje desde el colectivo.

Enseñanza 2: llevar poco equipaje y acorde al clima

En abril en Alemania todavía puede hacer frío. En teoría no debería nevar ya, pero entre 8 y 10 grados no es una temperatura extraña. Hay un dicho en alemán que dice “abril, hace lo que quiere” (rima en alemán) por lo inestable del clima en ese mes. Cuando me dispuse a armar la mochila para Roma pensé que el dicho también corría para Italia. Gran error. Cargué con dos pares de zapatillas y ningunas sandalias. Dos abrigos gruesos y sólo una remera manga corta. Conclusión, me pasé tres días muerta de calor bajo el sol primaveral y sin poder hacer mucho al respecto.

Nótese mi cara de “tengo calor”.

Enseñanza 3: en temporada alta, reservar alojamiento

Como dije, saqué el pasaje un lunes y el martes a la tarde estaba arriba del colectivo. En esas 24 horas pensé qué hacer con el alojamiento. ¿Reservo un hostel por Internet? ¿O recorro un poco cuando llego y elijo el que más me guste? Opté por la segunda opción sin siquiera pensar que Roma en Semana Santa puede estar “un poquito” atestado de turistas. Llegué a la terminal de ómnibus de Roma, me tomé el subte al centro y ahí empecé a buscar las direcciones que había marcado en mi mapa bajado de Internet. Después de un hora bajo el sol y con dos mochilas (sí, dos mochilas para 3 días: referirse a Enseñanza 2) los tres hostels que encontré no tenían disponibilidad… qué sorpresa. Los demás ni siquiera pude encontrarlos, con el merengue de callecitas que es Roma. Fui a un puesto de información turística y allí me ofrecieron un cuarto en un hostel… por 50 euros la noche. Como eran las 6 de la tarde y no aguantaba más el calor y las mochilas, acepté. Por ese detalle de no reservar antes mi presupuesto de repente se fue a las nubes.

Poca gente en Roma...

Poca gente en Roma…

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2 pensamientos en “Lecciones para una viajera novata

  1. Me encanta leer tus experiencias Lauchis!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Roma me enamoró sin atenuantes. Sus calles, su gente, todo, todo, me dan ganas de volver a recorrerla entera!!!!! Y viva el clima de Roma! Siempre dando la bienvenida. Qué ganas de estar en Piazza Spagna en este momento…

  2. Pingback: Roma (I): por qué no quiero volver | Andando mundos

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