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Roma (I): por qué no quiero volver

4 comentarios

roma-0Como ya mencioné en un post anterior, mi primer viaje sola en Europa fue en 2007 a Roma. Seis años después – calculo que un poco porque tiré la monedita en la famosa Fontana di Trevi – volví. Esta vez fue viaje de a dos y si bien la ciudad sigue igual, la descubrí de una forma diferente… y se me pasó un poco mi enamoramiento con Roma.

La capital italiana impresiona por donde se la mire. Su historia tan extensa y colmada de sucesos importantes hace que en Roma convivan rastros de gran parte de la humanidad,  aunque lo que más resalte a la vista (al menos de los turistas) sean el Imperio Romano y el Vaticano. Sin duda volvería a Roma, aunque preferiría no encontrarme con estos cuatro ítems:

1- Los turistas

Sí, hipócrita yo quejándome de los de mi propia “raza”. Es que en el fondo no me considero taaan turista, más no sea porque trato de evitar las típicas fotos en los íconos de una ciudad (tema aparte, ¿lo que uno considera íconos lo son por sí mismos, o porque miles de turistas se sacaron una foto frente a ellos por años?). La cuestión es que si de ciudades plagadas de turistas se trata, nunca he visto una más atiborrada que Roma. No más salir de hotel ya nos chocamos con hordas de gente caminando en todas las direcciones. Ni hablar de los típicos puntos de interés. Imposible sacar una foto sin quichicientas personas más tratando de tachar un ícono famoso de sus listitas. Un italiano me dijo que a Roma hay que ir en Agosto, cuando el calor es tan insoportable que ni turistas ni romanos hay dando vueltas.

Qué estarán tratando de fotografiar

Qué estarán tratando de fotografiar

Poca gente admirando la Fontana di Trevi

Poca gente admirando la Fontana di Trevi…

2- Los vendedores ambulantes

Esto viene a ser la consecuencia directa de la cantidad de turistas. Claro, con miles de personas caminando a diario por la ciudad, hay miles de oportunidades de venderles carteras, sombreros, bolsos, ojotas, bebida, snacks, relojes, juguetes, globos, adornos, postales y lo que se les ocurra. Hasta aquí todo en orden, pero el problema es el acoso constante tanto auditivo como visual. Los puestos ambulantes están en todos lados. En todos. O sea que es poco probable caminar más de 50 metros sin cruzarse o esquivar un puesto, o rechazar el ofrecimiento de un vendedor que espera que yo haya venido a Roma pensando en comprarme una cartera trucha de Prada.

Los vendedores ambulantes, acechando a sus presas :)

Chiquititos en los costados, ¿ven a los vendedores ambulantes, acechando a sus presas? 🙂

3- Los acosadores de turistas

Estos no son sólo los vendedores ambulantes, sino también y muy especialmente los mozos de los restaurantes de comida “italiana”. Italiana con comillas, porque lo que venden son menúes con entrada, plato principal, postre y café a unos 20 euros. Mucha pizza y pasta, pero pocos verdaderos italianos comiendo ahí. Solamente dirigir la mirada discretamente al menú que está en la entrada del restaurante y ya viene el señor a convencernos que allí encontraremos la comida más típica, más sabrosa, con las mejores mesas en la calle, y al precio más conveniente. No sé si será sólo a mí, pero aunque haya tenido la intención de sentarme en ese restaurante, el mozo acosador me saca las ganas en 2 segundos. Lo más gracioso de todo es que un día finalmente terminamos almorzando en una “hamburguesería”, una especie de McDonalds gourmet, y el lugar estaba lleno de italianos de todas las edades. Me resultó cómico que los turistas quieren comer pizza y pasta, y los romanos prefieren las hamburguesas y papas fritas.

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Souvenir romano muy típico (??)

Souvenir romano muy típico (??)

4- La suciedad

¿Esto será también consecuencia de la gran cantidad de turistas? ¿O del smog? ¿O de la falta de tachos de basura? O de todo esto junto. No he visto capital europea más sucia que Roma. Una pena, sobre todo por el smog que deteriora rápidamente los edificios históricos y las ruinas.

Igual no me refería a esta suciedad en particular

Igual no me refería a esta suciedad en particular

Pero como no todo es tan terrible, en el próximo post se enteran de por qué volvería a Roma.

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4 pensamientos en “Roma (I): por qué no quiero volver

  1. Qué susto “Labrita” !
    menos mal que al final te recuperás de las fobias a los turistas, vendedores, mugre, souvenires y tu corazón logra amigarse con tu genética inmigratoria bella y sensible ! Más de un antepasado debe estar preocupado con vos jajjjj. Espero próximo post. Besos besos besos.Analía

  2. espero el proximo .beso grande

  3. quiero volverrrrr!!! (en temporada baja obvio…)

  4. la 1° vez dije “tiro la moneda pero acá no me gustaría volver” y la vida me llevó al año siguiente … esta vez fue tan diferente, comprendí la dimensión histórica de los romanos, los italianos estrepitosos, tan queribles mis ancestros! y esta vez tiré la moneda con convicción… para
    volver algún día, no?

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