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Una visita al parque nacional Stolby en Krasnoyarsk

1 comentario

DSC_1004Después de Ekaterimburgo, la siguiente parada en el periplo trans-siberiano fue Novosibirsk. La tercera ciudad de Rusia en términos de habitantes no cuenta con grandes atracciones turísticas, salvo el teatro de ópera y ballet más grande de Rusia, superando incluso al Teatro Bolshói de Moscú. Sin embargo, la temporada no comenzaba hasta octubre y me quedó la visita pendiente. Alcancé a ver algunas iglesias de pasada – mientras la lluvia me lo permitía – y me quedé con las ganas de subirme a la vuelta al mundo en una feria que a lo lejos parecía abandonada y resultó bastante animada y llena de gente.

La ópera y ballet de Novosibirsk

La ópera y ballet de Novosibirsk

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Catedral de San Alejandro Nevsky en Novosibirsk

Pero pasando al destino que nos concierne: Krasnoyarsk, la bella. Que conste que el mote de “ciudad más bella de Siberia” no se lo puse yo, sino ni más ni menos que el escritor ruso Antón Chéjov. Antes de desembarcar en la estación de trenes de Krasnoyarsk había escuchado ese nombre sólo una vez, de boca de la española que conocí en el hostel de Moscú y que me recomendó incluir la ciudad en el recorrido. En mi cerebro, esta era la primera parada oficial en Siberia, porque los dos días en Novosibirsk no me habían dado ninguna impresión de estar en esa zona del mundo. Por eso, cuando al bajar del tren sentí un calor digno de verano porteño, me sorprendí. Siberia no sólo no era una zona árida o seca, ¡sino que además hacía calor!

Situada a orillas del río Yeniséi, Krasnoyarsk es una ciudad de casi un millón de habitantes, pero de las más tranquilas que he visto en Rusia. Un puente de casi 2 kilómetros une las dos partes de la ciudad, una a cada orilla del río, y en un amplio paseo arbolado a lo largo de la orilla se ofrece desde alquiler de botes a pedal o motor, hasta autos a batería para niños, pasando por una bicicleta que cuando el manubrio se gira hacia la derecha, encara para la izquierda (y viceversa).

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El mayor atractivo de Krasnoyarsk, sin embargo, está en las afueras de la ciudad, en el parque nacional Stolby. ‘Stolby’ significa pilares y hace referencia a las rocas de granito monumentales que están desperdigadas en una superficie de unos 470 kilómetros cuadrados.

Si bien existe la posibilidad de contratar un tour con transporte y guía incluido, el precio es bastante elevado (2.500 Rublos por persona aproximadamente) y decidí aventurarme por mi cuenta. Por suerte dos suizos que se alojaban en el mismo hostel que yo tenían la misma idea, y además ¡la mujer hablaba ruso! Tomamos un bus local (12 Rublos) y una vez que llegamos a la parada, caminamos unos 7 kilómetros hasta la primera formación de rocas. Aunque habíamos leído en Internet que otros viajeros no habían encontrado el camino fácilmente, nosotros no tuvimos inconvenientes y rápidamente nos encontramos en una pasarela de madera con barandas que llevaba al destino. Además de ver ardillas y pájaros varios, a los costados del sendero había carteles explicativos, aunque sólo en ruso…

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El último tramo era una subida bien empinada y rocosa, y después de unos cuantos escalones y escaladas, llegamos a la primera roca. Valió la pena el esfuerzo, entre la sensación imponente que genera semejante masa de granito que parece que fuese a empezar a rodar en cualquier momento, y la vista panorámica del parque nacional.

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El recorrido a partir de ahí ofrecía distintas opciones, algunas más largas que otras en distancia y tiempo. Una de ellas era retornar a la ciudad por un camino que desembocaba en un complejo de ski. Desde allí se puede descender la montaña en esas sillas de ski (que no sé cómo se llaman) y tomar el bus de regreso a Krasnoyarsk. Aunque había empezado a llover, decidimos seguir esa ruta para no repetir la de llegada, y digamos que no fue la mejor decisión. No sólo que la lluvia no paró, sino que a medida que avanzábamos el sendero se volvía más barroso e intransitable. Después de casi 2 horas de agua-barro-agua-barro llegamos finalmente a las sillitas, y todo el embarre valió la pena por ver la ciudad desde lo alto y bajar la montaña sin ningún esfuerzo, sentada en la silla y admirando el paisaje.

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Datos útiles:

Cómo llegar: desde el centro de Krasnoyarsk se puede ir en los buses número 15 o 50 (12 Rublos el boleto) hasta el comienzo del sendero de 7 kilómetros. Desde allí el camino está bien marcado y es fácil de identificar. Para volver, se puede repetir el mismo camino o seguir el sendero amarillo y desembocar en las sillas del complejo de ski. La bajada es gratuita y una vez abajo hay un solo bus que atraviesa Krasnoyarsk y termina su recorrido en la estación de trenes.

Entrada: La entrada es libre y gratuita.

Dónde comer: hay un puesto de snacks y bebidas en el camino, pero recomiendo llevar agua y algunos snacks para facilitar la mini escalada.

Consejos: llevar repelente de insectos y de garrapatas, que son especialmente peligrosas entre mayo y julio. Si bien la subida es trabajosa, no es nada que alguien de condición física media no pueda hacer. Si no, mírenme a mí 🙂

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Un pensamiento en “Una visita al parque nacional Stolby en Krasnoyarsk

  1. Me encantaria conocer este bello lugar.

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